Del amor entre Agentes y Viajeros

Del amor entre agentes y viajeros

En el mes de Septiembre queremos hablar de l’amour, del amor entre agentes y de viajeros.

Ni Romeo y Julieta, ni Elizabeth y Mr. Darcy, ni Toretto y Letty. Estos amores son más apasionados, más difíciles, más confusos y, seguramente, a larga distancia y sin roaming de datos. Ser agente de viajes también significa tener pedacitos del corazón viajando por el mundo, mientras uno hace fuerza para que el vuelo no se atrase, para que no haya mucha fila en el Louvre y para que no se vayan a enfermar.

Esos pasajeros que nos desvelan y nos preocupan por semanas, que no nos dejan dormir entre las preocupaciones y los mensajes de whatsapp con 10 horas de diferencia horaria. Y todo para regresar al final, sonrientes y bronceados, con un imán de nevera que quedará para siempre en nuestro corazón y en nuestro refrigerador.

Por eso, en el mes mas cursi del año, compartimos cuatro tipos de pasajeros que nos han desvelado, enamorado y cautivado. Estamos seguros que a ustedes también:

Pasajero glotón y contento

Del amor entre agentes y viajeros

Y lo mejor será empezar por mi propia categoría. Para nosotros el buffet, la comida callejera y los mercadillos son el paraíso. No hay especia, salsa, vegetal o carne de animal raro que nos asuste y aunque las caras horrorizadas de nuestros acompañantes sugieran lo contrario, las condiciones de salubridad y el número de patas de lo que comeremos normalmente son un factor de poca importancia. Nos rige una única regla: Si no te gusta algo a la tercera cucharada, pues será mejor comerse la cuarta.

Tenemos el superpoder de llevar 2 platos en una sola mano y navegar intrépidamente entre los corredores del buffet hasta hacernos a una porción de cada bandeja. Por suerte el turismo nos ha subido el status de simples glotones barrigones, para convertirnos en pomposos «Turistas Gastronómicos» y hasta nos han inventado nuestros propios hashtags: #foodies y #foodporn. 

Viajero de Saco y Corbata en Primera Clase

Del amor entre agentes y viajeros

Son esos turistas que van sentados en las sillas amplias en primera clase, mirando incómodamente la larga fila de pasajeros que intenta entrar al avión y que los miran curiosos, intentando reconocer a alguna Kim Kardashian o a algún Cristiano Ronaldo. Ellos siempre entran y salen primero que el resto del avión y son la envidia de todo aquel que se dispone a volar 11 horas en clase turista. Pero lo que muchos no saben es que aquí pueden encontrarse individuos que han viajado en avión hasta el hastío y personas que llegan a viajar hasta 200 días al año, con trabajos de esos que nadie, en su sano juicio, quisiera tener. No tienen tiempo, ni familia, ni vida, ni ganas de subirse al avión.

Y a pesar que uno envidie la champaña en copa de cristal y el menú con mariscos en plato de porcelana, la realidad es que a la mayoría de ellos no les hacen ninguna gracia y que seguramente usted, que se dispone a volar 11 horas en su silla de clase económica, al lado del baño, entre un niño que llora y una señora que ronca, disfrutará muchísimo más del viaje que ellos.

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Despistado sin remedio

Del amor entre agentes y viajeros

Su mirada inocente, perdida entre la multitud de un museo, mientras estorba en la foto de algún otro turista, no produce otra cosa que la más pura envidia. Siempre se sientan en la silla equivocada del avión, todas las tiendas de souvenires los llaman, conversan animadamente con cada carterista que se encuentran y, a pesar de perder la maleta, los tiquetes, la cámara y hasta a si mismos, no sufren por nada y disfrutan plenamente de la experiencia.

No les hace falta saber donde están, qué hora es, que idioma se habla, ni les preocupa si podrán encontrar el hotel al final del día. Para ellos la experiencia es plenamente orgánica y nada en el mundo puede arruinarla. Viajar con ellos puede ser toda una odisea, con llegadas tarde todos los días, infartos simultáneos cada vez que dicen haber perdido el pasaporte y búsquedas interminables en medio de los más laberínticos centros históricos ¡Protégelos Dios mío!

Turista con dieta «ultra especializada»

Si su condición personal le impide comer carnes rojas, gluten, lácteos, grasas, harinas, mariscos, gaseosas, sal, azucar, especias, nueces o cualquier alimento con más de dos sílabas (y hasta el oxígeno les engorda), usted debería considerar su inclusión en esta selecta categoría.

Suelen ir acompañados de un pasajero glotón y contento (como yo), que los tortura mientras se come cualquier cosa que se le atraviese. Y es que este tipo de de viajero sufre ¡Y mucho! No encuentra nada en los buffets y padecen terriblemente cuando se enfrenta a un plato servido o a la disyuntiva de elegir un plato de un menú.

Tanto que, en los destinos más exóticos, su viaje puede resumirse en largos ayunos, interrumpidos por algún paquete de galletas integrales que otro pasajero lleno de compasión les ofrece. Son estupendos compañeros de viaje, junto a los cuales recibirás doble ración de carne, queso, sobremesa y con quienes seguramente podrás deshacerte fácilmente de tu ensalada.

¿Has tenido pasajeros peculiares? ¿Amoríos fugaces de agente de viajes? Déjanos saber más en los comentarios.

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